• ¿TIENES
    VIDA ETERNA?
  • La Biblia dice:
    «Y el testimonio es éste: que Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo.
    El que tiene al Hijo tiene la vida, y el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida»
    1 Juan 5:11-12
  • El pasaje anterior nos dice que Dios nos ha dado vida eterna
    y que esta vida está en Su Hijo, Jesucristo.
    En otras palabras, la única forma de tener vida eterna
    es teniendo al Hijo de Dios. Pero la pregunta es:
    ¿Cómo puede alguien tener al Hijo de Dios?
  • Existe un problema:
    La Biblia dice que el hombre está separado de Dios:
    «Por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios»
    Romanos 3:23
    «Pero vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios,
    y vuestros pecados le han hecho esconder su rostro de vosotros para no escucharos»
    Isaías 59:2
  • La Biblia también dice:
    «Porque la paga del pecado es muerte...»
    Romanos 6:23
    Debido a su pecado el hombre está condenado a muerte
  • Esto significa que por ser pecador, el hombre pasará
    la eternidad separado de Dios, en el infierno.
  • ¿Hay algo que el hombre pueda hacer?
  • La Biblia nos enseña que las obras son inútiles:
    «Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros,
    sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe»
    Efesios 2:8-9
  • No podemos recibir la vida eterna
    por medio de nuestras buenas obras,
    ni por medio de alguna actividad religiosa.
    Tanto el hombre moral como el inmoral,
    Tanto el religioso como el ateo,
    tienen el mismo problema:
    Ninguno de ellos alcanza la gloria de Dios
    (Romanos 3:23)
  • La Biblia también dice:
    «NO HAY JUSTO, NI AUN UNO; NO HAY QUIEN ENTIENDA,
    NO HAY QUIEN BUSQUE A DIOS; TODOS SE HAN DESVIADO,
    A UNA SE HICIERON INUTILES; NO HAY QUIEN HAGA LO BUENO,
    NO HAY NI SIQUIERA UNO»
    Romanos 3:10-12
  • ¡Pero hay
    Buenas Noticias!
  • Dios envió a Su único Hijo:
    «Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo,
    nacido de mujer, nacido bajo la ley, a fin de que redimiera
    a los que estaban bajo la ley, para que
    recibiéramos la adopción de hijos»
    Gálatas 4:4-5
  • El versículo anterior nos dice que el propósito de Jesús
    al venir a este mundo, fue el de redimir al hombre,
    que debido a su pecado estaba condenado a muerte.
  • Jesucristo logró nuestra redención,
    muriendo en la cruz, en nuestro lugar
  • La Biblia dice:
    «Pero Dios demuestra su amor para con nosotros,
    en que siendo aún pecadores,
    Cristo murió por nosotros»
    Romanos 5:8
    «Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros,
    para que fuéramos hechos justicia de Dios en El»
    II Corintios 5:21
  • Jesucristo verdaderamente murió y fue sepultado.
    Pero resucitó al tercer día, venciendo así, el poder de la muerte.
    Su muerte en la cruz, fue el pago definitivo por el pecado:
    La Biblia dice:
    «Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez,
    el justo por los injustos, para llevarnos a Dios,
    muerto en la carne pero vivificado en el espíritu»
    I Pedro 3:18
  • Jesucristo dijo:
    «Yo soy la resurrección y la vida;
    el que cree en mí, aunque muera, vivirá,
    y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás.
    ¿Crees esto?»
    Juan 11:25-26
  • ¿Cómo puede alguien tener al Hijo?
    Tú puedes recibir al Hijo, como tu Salvador personal.
    Confiando en Jesucristo y en Su muerte para el perdón de tus pecados.
  • «Pero a todos los que le recibieron,
    les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios,
    es decir, a los que creen en su nombre»
    Juan 1:12
  • ¡Estas son las buenas noticias de la Biblia!
    ¡Este es el mensaje del Evangelio!

«Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad»

— 1 Timoteo 2:3-4 —

Últimas Preguntas Por: John Blanchard

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La vida está llena de preguntas. Algunas son triviales; otras, más serias; y otras, tremendamente importantes.

Aun al leer estas palabras, puedes estar haciéndote preguntas sobre tu salud, tu situación económica, tu trabajo, tu familia o tu futuro.

Pero las más trascendentes, las últimas preguntas, son acerca de Dios y tu relación con Él. Nada en la vida es más importante que esto. Buena salud, estabilidad económica, un empleo seguro, una familia contenta y un futuro lleno de esperanza, son las cosas que todo el mundo quiere. Sin embargo, aun estas son temporales y, a fin de cuentas, sin significado, a menos que tengas una relación viva con Dios, que sea clara y segura y dure para siempre.

En las siguientes páginas descubrirás por qué tal relación es tan urgentemente necesaria y cómo se hace posible.

Las preguntas que siguen son las más serias e importantes que alguien puede hacerse. Las respuestas son las que todo el mundo necesita.

Por favor, lee estas páginas cuidadosamente y, si es necesario, más de una vez.

No puedes permitirte pasar por alto su mensaje.

Todas las palabras en cursiva son citas de la Biblia. Para ver la referencia Bíblica, dar clic sobre el texto.

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Esta es la pregunta fundamental. Si Dios no existe, buscarle carece de sentido: Porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay. Aunque es imposible "probar" la existencia de Dios de una manera matemática, la evidencia es abrumadora.

Tomemos, por ejemplo, la existencia del universo. Creer que sea el resultado de un "accidente" suscita muchas preguntas y no responde ninguna. Lo mismo sucede con la teoría del "Big Bang" (o, Gran Explosión). ¿De dónde procedían las materias primas? (¡Ni aun una gran explosión puede formar algo de la nada! La idea evolucionista, tan ampliamente difundida, es igualmente débil: ¿Cómo puede "la nada" evolucionar a "algo", y mucho menos a formas de vida tan asombrosamente complejas? 2

Todas las demás teorías son igualmente frágiles. La única explicación satisfactoria es ésta: En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Nuestro mundo no es el resultado fortuito de un gigantesco accidente que involucró materiales ya existentes. En lugar de eso, el universo fue constituido por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. ¡La creación tuvo un principio, y el Creador fue Dios! Porque él dijo, y fue hecho; él mando, y existió.

Esto se ve reforzado por el asombroso orden y diseño que contemplamos por todas partes y por las leyes universales a que están sometidos tanto la inmensidad del espacio exterior como los organismos microscópicos. Pero un diseño exige un diseñador, y las leyes un legislador: ¡y Dios es ambos! El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay es Señor del cielo y de la tierra.

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Pero la "evidencia de la creación" más fuerte es el hombre mismo. A diferencia de los animales, el hombre tiene algo que llamamos "personalidad"; toma decisiones inteligentes, tiene conciencia y puede distinguir entre el bien y el mal. Puede sentir amor y compasión. Sobre todo, tiene un instinto que le impulsa a adorar. ¿Dónde adquirió estas cualidades? Ni la evolución ni un alud de accidentes podrían haberlas producido. La respuesta más clara es ésta: El Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue hecho el hombre un ser viviente. El hombre no es un accidente, sino una de las formidables y maravillosas obras del Creador del universo.

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La pregunta es vital. Dejados a nosotros mismos, somos totalmente ignorantes de Dios. ¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso? Dios está fuera del alcance de nuestra comprensión, y hace falta que Él se revele a nosotros.

La creación es uno de los principales medios que Él utiliza. Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Simplemente las dimensiones del universo y su asombroso equilibrio, variedad y belleza, revelan muchísimo sobre el Dios que lo hizo. En la creación Dios muestra su maravilloso poder, su abrumadora inteligencia y su brillante imaginación. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.

Cuando nos comunicamos con los demás, dependemos mucho de las palabras. Dios también habla a los hombres por medio de palabras, las palabras de la Biblia. Casi 4.000 veces en el Antiguo Testamento solamente (500 veces en los primeros cinco libros) encontrarás frases como "el Señor habló", "el Señor ordenó" y "el Señor dijo". Por esta razón se afirma que nunca la Escritura fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

En ninguna otra literatura podemos encontrar tantas profecías Claras y detalladas hechas por hombres que pretendiesen hablar de parte de Dios y posteriormente cumplidas hasta el más mínimo detalle. Las probabilidades en contra de que esto ocurriera por casualidad son demasiado numerosas como para tomarlo en serio.

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Tenemos también el impacto de la Biblia en la vida de las personas. Ningún otro libro ha tenido tal poder para transformar vidas. Millones de personas, a lo largo de miles de años, han probado en su experiencia personal que la ley del Señor es perfecta, que convierte el alma; el testimonio del Señor es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos del Señor son rectos, que alegran el corazón; el precepto del Señor es puro, que alumbra los ojos.

Después de 2.000 años, ningún experto en cualquier terreno ha podido jamás desmentir ni una sola afirmación de la Biblia.3 La razón es ésta: Toda la Escritura es inspirada por Dios. Por esto deberíamos aceptarla no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios.

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Esta es, obviamente, la siguiente pregunta que debemos encarar. Reconocer que Dios existe es una cosa, y reconocerle en el sentido general de que Dios nos habla en la creación y a través de las páginas de la Biblia, es otra. Pero necesitamos saber más. ¿Cómo es Dios realmente?

La Biblia nos da muchas respuestas Claras y positivas a esta importante pregunta. A continuación veremos algunas de ellas.

Dios es personal. Dios no es una "cosa", "poder" o "influencia". Él piensa, siente, desea y actúa de maneras que le muestran como un Ser personal viviente. Pero Él no es "el vecino de arriba" o alguna clase de "superman". El Señor es el Dios verdadero; él es Dios vivo y Rey eterno.

Dios es plural. Hay un único Dios verdadero. Él dice: Yo soy el primero y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios. Sin embargo, Dios se ha revelado a sí mismo como una "trinidad" de tres Personas: Padre, Hijo (Jesucristo) y Espíritu Santo, cada uno de los cuales es verdadera, completa e igualmente Dios. La Biblia habla de la gloria de Dios el Padre; dice que el Verbo (Jesucristo) era Dios, y menciona que el Señor es el Espíritu. Aunque hay solamente un Dios, hay tres Personas en la Divinidad.

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Dios es espiritual. No tiene características físicas. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Esto significa que Dios es invisible: A Dios nadie le vio jamás. También significa que no está confinado a un solo lugar a la vez, sino que está en todas partes continuamente: ¿No lleno yo, dice el Señor, el cielo y la tierra? Aparte de cualquier otra cosa, esto significa que Dios es plenamente consciente de todo lo que ocurre en todas partes. Esto incluye no sólo todo lo que digas y hagas, sino todo lo que pase por tu mente.

Dios es eterno. Dios no tiene principio. En palabras de la Biblia, desde el siglo y hasta el siglo tú eres Dios. No bubo jamás un tiempo en que Dios no existiera, y nunca lo habrá. Dios se describe a sí mismo como el que es, y que era y que ha de venir. Y Él permanece eternamente inmutable: Porque yo el Señor no cambio. Todo lo que Dios ha sido siempre, lo sigue siendo y siempre lo será.

Dios es independiente. Todos los demás seres vivientes dependen de otras personas o cosas, pero Dios es totalmente independiente de su creación. Él puede sobrevivir por sí mismo. No es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida, y aliento, y todas las cosas.

Dios es santo. Él es magnífico en santidad, terrible en maravillosas hazañas. No puede haber comparación con la santidad de Dios. No hay santo como el Señor, que es completamente sin mancha ni defecto. La Biblia dice de Él: Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio. Y este Dios santo demanda santidad de todos los hombres. Su mandato para nosotros hoy es: Sed santos, porque yo soy santo.

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Dios es justo. La Biblia dice que el Señor es Dios justo, y que justicia y juicio son el cimiento de su trono. Dios no es solamente nuestro Creador y Sustentador Él es también nuestro Juez, y recompensa y castiga a los hombres en el tiempo y en la eternidad, con una justicia que es perfecta, por encima de cualquier apelación o disputa.

Dios es perfecto. Su conocimiento es perfecto: No hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien, todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta. Dios lo sabe todo en el pasado, el presente y el futuro, incluyendo todos nuestros pensamientos, palabras y obras. Su sabiduría es perfecta y está totalmente fuera del alcance de nuestro entendimiento: !Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!

Dios es soberano. Él es el único y supremo gobernante del universo, y nada en absoluto queda fuera de su control. Todo lo que el Señor quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra. Con Dios no hay accidentes ni sorpresas. Él escribe la historia del mundo entero, y hace todas las cosas según el designio de su voluntad. Dios no necesita consejo o permiso para nada de lo que escoja hacer. Nadie puede impedirle hacer lo que le plazca: y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?

Dios es omnipotente. Es todopoderoso. En sus propias palabras: Yo soy el Señor, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí? Esto no significa que Dios pueda hacer cualquier cosa (no puede mentir, o cambiar, o cometer errores, o pecar, o negarse a sí mismo), sino que puede hacer cualquier cosa que desee y sea consecuente con su carácter.

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Estos son simples bosquejos de algunas de las cosas que Dios ha revelado en la Biblia acerca de su propia naturaleza y carácter. Hay otras verdades acerca de Dios en la Biblia (y vamos a ver una de ellas en la página 22), si bien hay muchas cosas acerca de Él que no nos es posible entender. Él hace cosas grandes e inescrutables, y maravillas sin número. En ese sentido él es Todopoderoso, al cual no alcanzamos, y ninguna medida de inteligencia humana o razonamiento puede cambiar ese hecho. En realidad, esto no debería sorprendemos. Si pudiéramos entender a Dios, Él no sería digno de nuestra adoración.

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Las presiones y problemas de la vida moderna conducen a muchos a una búsqueda afanosa de un significado y propósito para su vida. Hemos visto algo de lo que Dios es; pero ¿y nosotros? ¿Por qué existimos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Tiene significado o propósito la vida humana?

Lo primero que debemos aclarar es que el hombre no "existe" meramente. Es más que una acumulación accidental de átomos que, por alguna razón, forman lo que llamamos "un ser humano". La Biblia nos dice que fue específicamente creado por un Dios sabio y santo. Creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. El hombre es mucho más que un animal altamente desarrollado o un simio refinado. Es tan diferente a los animales como los animales a los vegetales, o los vegetales a los minerales. En lo que se refiere al tamaño, el hombre es diminuto comparado con el sol, la luna y las estrellas, pero Dios le ha dado una posición singular y honorable en el universo.

Esto se ve en uno de los primeros mandamientos de Dios al hombre: Señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. El hombre se convirtió en el representante personal de Dios sobre la tierra, con autoridad sobre todas las otras criaturas vivientes.

También se le dio al hombre una dignidad especial. Fue creado "a imagen de Dios". Esto no significa que fuese hecho al mismo tamaño o forma de Dios (hemos visto que Dios no tiene "tamaño" o "forma"), ni que fuese una miniatura de Dios, poseyendo todas sus cualidades en pequeñas cantidades. Significa que el hombre fue creado como un ser espiritual, racional, moral e inmortal, con una naturaleza que era perfecta. En otras palabras, era un verdadero reflejo del carácter santo de Dios.

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Más aún, el hombre escogió obedecer, alegre y constantemente, todos los mandatos de Dios y, como resultado, vivía en perfecta armonía con Él. ¡El hombre no tenía una "crisis de identidad" en aquel entonces! Sabía exactamente quién era y por qué estaba en el mundo, y obedientemente ocupó el lugar que le fue dado por Dios.

No era sólo el hombre quien estaba satisfecho con su posición; ¡Dios estaba satisfecho con el hombre! Sabemos esto porque la Biblia nos dice que cuando su obra de creación estuvo completa, vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Personas perfectas vivían en un medio ambiente perfecto, en perfecta armonía entre sí, y en perfecta armonía con un Dios perfecto.

¡Pero ésa no es ahora la situación! ¿Qué fue lo que ocurrió?

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La respuesta más simple a esa pregunta es: El pecado entro en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte.

Al primer hombre y la primera mujer (Adán y Eva) se les dio gran libertad, pero también se les hizo una seria advertencia: Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comieres, de cierto morirás. Esta era una prueba ideal de si el hombre estaba dispuesto a obedecer lo que Dios había dicho, simplemente por haberlo dicho. Pero el diablo tentó a Eva a no creer ni obedecer las palabras de Dios, y ella cayó en la tentación. Vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.

En aquel memento "el pecado entró en el mundo". Por su deliberada desobediencia, el hombre se apartó a sí mismo de Dios. En lugar de amar a Dios, Adán y Eva tuvieron miedo de Él: y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia del Señor Dios entre los árboles del huerto. En lugar de sentirse seguros, confiados y felices, su pecado les hizo sentirse avergonzados, culpables y atemorizados.

Dios había dicho que el hombre moriría si desobedecía, y así sucedió. La muerte significa separación, y en un memento terrible el hombre se separó de Dios; murió espiritualmente. También empezó a morir físicamente, y ahora tenía un alma muerta y un cuerpo moribundo. Pero no fue eso todo: los hijos de Adán y Eva heredaron la naturaleza corrupta y el carácter pecaminoso de sus padres. Desde entonces, como la contaminación en el nacimiento de un río, el veneno del pecado ha fluido a todos los descendientes de Adán, ya que la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

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Nótese esta importante palabra "todos", que obviamente incluye al escritor y al lector de esta página. Puede que nunca nos encontremos en esta tierra, pero tenemos esto en común: somos pecadores y estamos muriendo. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros, y si decimos que no estamos muriendo, nos ponemos en ridículo. Burlarse de los hechos no hace nada para cambiarlos.

Muchos de los titulares en los periódicos, la televisión y la radio en la actualidad nos recuerdan el hecho de que el mundo está desquiciado. Es fácil condenar la violencia, la injusticia, el desorden, y las malas acciones de la sociedad, pero antes de criticar a otros, pregúntate a ti mismo si eres perfecto y si estás viviendo una vida agradable a un Dios santo. ¿Eres absolutamente honesto, puro, amante y desinteresado? Dios sabe las respuestas a estas preguntas: ¡y tú también! Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. Eres pecador de nacimiento, por naturaleza, por práctica y por propia elección, y necesitas enfrentarte a estos hechos urgentemente: y a sus consecuencias.

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Cuando se diagnostica una enfermedad, es importante preguntarse: ¿Es grave? Más importante aún es hacer esta pregunta con respecto a la enfermedad espiritual del pecado. Muchos admitirán, casi alegremente, que son pecadores, porque no tienen idea de lo que esto significa. Lo tratan como propio de la naturaleza humana, o se refugian en el hecho de que "todo el mundo lo hace". Pero esas afirmaciones pasan por alto el verdadero problema: ¿Es grave el pecado? A continuación tenemos lo que la Biblia dice acerca de ti como pecador.

Estás degradado. Esto no significa que eres tan malo como podrías llegar a ser, ni que estás cometiendo constantemente toda clase de pecados. Tampoco significa que no puedes distinguir el bien del mal, o no hacer nunca cosas agradables o beneficiosas para otros. Lo que significa es que el pecado ha invadido cada parte de tu naturaleza y personalidad: tu mente, voluntad, afectos, conciencia, disposición e imaginación. Engañoso es el corazón más que todas las cosas y perverso. ¡La raíz del problema no es lo que haces, sino lo que eres! Pecas porque eres pecador.

Estás contaminado. La Biblia no se anda con rodeos aquí: Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Nota que la lista incluye pensamientos, palabras y acciones. Esto demuestra que, para Dios, todo pecado es igualmente grave. Algunos limitan la idea del pecado a cosas como el homicidio, el adulterio y el robo, pero la Biblia muestra claramente que no tenemos derecho a limitar el pecado de esa manera. El pecado es cualquier cosa que no se ajusta a las normas perfectas de Dios. Cualquier cosa que digamos, pensemos o hagamos que sea menos que perfecta, es pecado. Ahora enfréntate a esta pregunta: ¿Quién puede decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado? ¿Puedes tú? Si no, estás contaminado.

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Estás desafiante. La Biblia enseña que el pecado es infracción de la ley, rebelión deliberada contra la autoridad y la ley de Dios. Ninguna ley civil te obliga a mentir, engañar, tener pensamientos impuros o pecar de cualquier otra manera. Tú eliges pecar. Tú eliges infringir la santa ley de Dios. Deliberadamente le desobedeces, y esto es grave, porque Dios es Juez justo, y Dios está airado contra el impío todos los días. Dios no puede ser indulgente con el pecado, y puedes estar seguro que ni un solo pecado quedará sin castigo.

Una pequeña parte del castigo de Dios por el pecado tiene lugar en esta vida (aunque tal vez no lo reconozcamos). Pero el castigo final será infligido después de la muerte, cuando en el Día del Juicio cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.

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Hay muchas ideas sobre lo que sucede cuando morimos. Algunos dicen que todos somos aniquilados; otros, que todos vamos al cielo. Otros creen en un lugar donde las almas pecadoras se preparan para ir al cielo. Pero no hay nada en la Biblia que apoye ninguna de estas ideas.

En lugar de eso, leemos: Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio. Los que tienen una relación correcta con Dios serán recibidos en el cielo para pasar toda la eternidad en su gloriosa presencia. Todos los demás sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder. La palabra más común en la Biblia para referirse a esto es "infierno". A continuación veremos cuatro verdades importantes acerca del mismo.

EI infierno es real. No es algo "inventado por la iglesia". La Biblia dice más acerca del infierno que del cielo, y no deja lugar a dudas en cuanto a su realidad. Habla de la condenación del infierno y de ser echado al infierno.

El infierno es temible. Se le describe en la Biblia como un lugar de tormento un , horno de fuego, llamas eternas y fuego que nunca se apagará. Es un lugar de sufrimiento con lloro y crujir de dientes, en el cual no hay reposo de día ni de noche. Estas palabras son terribles, pero verdaderas. Los que están en el infierno se hallan separados de todo lo bueno, bajo la maldición de Dios y desterrados de la más mínima ayuda o consuelo que proporciona su presencia.

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EI infierno es eterno. Todos los caminos al infierno son de dirección única. No hay salida. Entre el infierno y el cielo hay un gran abismo. El horror, la soledad y la agonía del infierno no son para purificar sino para castigar: ¡para siempre!

El infierno es justo. La Biblia nos dice que Dios juzgará al mundo con justicia, y es perfectamente justo que mande a los pecadores al infierno. Después de todo, les da lo que han escogido. Ellos rechazan a Dios aquí; Él los rechaza allí. Ellos escogen vivir sin Dios; Él confirma su elección: para siempre. Dios no puede ser acusado de injusticia.

A la luz de estas terribles verdades, necesitas prestar mucha atención a una pregunta que se le hizo una vez a un grupo de personas en el Nuevo Testamento: ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?

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El hombre ha sido llamado un animal religioso. ‘La Enciclopedia de Religión y Ética’ tiene 13 volúmenes en los que se enumeran cientos de maneras en las que los hombres han intentado satisfacer sus deseos y anhelos religiosos. Los hombres han adorado al sol, la luna y las estrellas; la tierra, el fuego y el agua; ídolos de madera, piedra y metal; peces, pájaros y otros animales. Han adorado innumerables dioses y espíritus que han sido producto de su propia imaginación pervertida. Otros han intentado adorar al verdadero Dios mediante una enorme variedad de sacrificios, ceremonias, sacramentos y cultos. Pero la "religión", por sincera que sea, nunca puede solucionar el problema del pecado del hombre, por tres razones al menos.

La religión nunca puede satisfacer a Dios. La religión es el intento del hombre para hacerse aceptable a Dios, pero tales intentos son inútiles, porque aun los mejores esfuerzos del hombre son defectuosos y, por tanto, inaceptables para Dios. La Biblia no puede ser más explícita: Todas nuestras justicias son como trapo de inmundicia. Dios demanda la perfección; la religión es incapaz de cumplir esa demanda.

La religión nunca puede quitar el pecado. Tus virtudes nunca pueden anular tus vicios. Las buenas obras no pueden eliminar las malas. Si alguien se reconcilia con Dios, no es por obras, para que nadie se gloríe. Ningún esfuerzo o experiencia (bautismo, confirmación, comunión, asistencia a la iglesia, oraciones, limosnas, sacrificios de tiempo y esfuerzo, lectura de la Biblia o cualquier otra cosa) puede quitar un solo pecado.

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La religión nunca puede cambiar la naturaleza pecaminosa del hombre. El comportamiento de una persona no es el problema, es sólo el síntoma. El corazón del problema del hombre es el problema del corazón del hombre y, por naturaleza, el corazón del hombre está corrompido y depravado. Asistir a la iglesia y tomar parte en ceremonias religiosas puede hacerte sentirte bien, pero no puede hacerte bueno. ¿Quién hará limpio a lo inmundo? Nadie.

Algunas de las actividades religiosas antes mencionadas son, obviamente, "buenas" en sí mismas. Es correcto, por ejemplo, asistir a la iglesia, leer la Biblia y orar, porque Dios nos dice que hagamos tales cosas. Pero no debes confiar en ellas para hacerte aceptable a Dios. No sólo son ineficaces en este sentido: confiar en ellas incrementa tu pecado y tu condenación.

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¡Sí, la hay! y Dios la ha provisto. El mensaje central de la Biblia se resume en estas palabras: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Vimos anteriormente que un Dios justo y santo debe castigar el pecado. Pero la Biblia también nos dice que Dios es amor. Aunque Dios odia el pecado, ama a los pecadores y desea perdonarles. Pero ¿cómo puede un pecador ser justamente perdonado, cuando la ley de Dios demanda su muerte espiritual y física? Solamente Dios podía resolver este problema, y lo hizo en la Persona de Jesucristo. El Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo.

Dios el Hijo se hizo hombre tomando sobre sí la naturaleza humana. Aunque Jesús se hizo plenamente hombre, permaneció siendo plenamente Dios: la Biblia dice que en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Él permaneció siendo plenamente Dios como si no se hubiera hecho hombre, y se hizo tan plenamente hombre como si no fuese Dios. Jesucristo es, pues, singular. Su concepción fue singular, y la Biblia confirma esto de muchas maneras. No tuvo padre humano, sino que fue concebido en el seno de una virgen por el poder milagroso del Espíritu Santo. Sus palabras eran singulares: las gentes se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad. Sus milagros eran singulares: Él iba sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo, y en varias ocasiones resucitó muertos. Su carácter era singular: fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado, por lo que el Padre pudo decir de Él: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.

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¡Fíjate en la última frase! Esto significa que, como hombre, Jesús guardó la ley de Dios en todos sus puntos y, por tanto, no estuvo sujeto a la doble pena de muerte que merece el pecado. Sin embargo, fue arrestado en base a una acusación imaginaria, sentenciado en virtud de falsas evidencias, y finalmente crucificado en Jerusalén. Pero su muerte no fue un error o un accidente inevitable. Era todo parte del determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios. El Padre envió al Hijo con el propósito expreso de sufrir la pena de muerte que merece el pecado, y Jesús vino voluntariamente. En sus propias palabras, el propósito de su venida al mundo fue dar su vida en rescate por muchos. Su muerte, al igual que su vida, fue singular.

Es, por tanto, vital que entiendas lo que sucedió cuando murió Jesús, y lo que su muerte puede significar para ti.

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Toda la enseñanza de la Biblia apunta a la muerte de Jesús. Ni su vida perfecta, ni su maravillosa enseñanza, ni sus poderosos milagros constituyen el punto focal del mensaje de la Biblia. Todas esas cosas son importantes pero, por encima de todo, Jesús vino al mundo a morir. ¿Por qué es su muerte tan importante? La respuesta es que Él murió como Sustituto, como Portador del pecado y como Salvador.

Jesús el Sustituto. Esto demuestra el amor de Dios. Los pecadores son culpables, y están perdidos y desvalidos ante la santa ley de Dios, que demanda el castigo de cada pecado. ¿Cómo es posible escapar de la justa ira de Dios? La respuesta de la Biblia es ésta: Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Como parte de un asombroso plan de rescate, Dios el Hijo se ofreció voluntariamente para tomar el lugar de los pecadores y sufrir el justo castigo por su pecado. El impecable Hijo de Dios sufrió y murió voluntariamente por ellos, el justo por los injustos.

Jesús el Portador del pecado. Esto demuestra la santidad de Dios. No hubo nada fingido en la muerte de Cristo. El castigo por el pecado fue pagado por completo. Murió no sólo físicamente sino también espiritualmente. Mientras colgaba de la cruz, clamó: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? En este momento terrible, Dios el Padre le volvió la espalda a su Hijo amado, quien además soportó el castigo espiritual de la separación de Dios. Fíjate cómo esto muestra la perfecta santidad de Dios. Todos y cada uno de los pecados deben ser castigados, y cuando Jesús tomó el lugar de los pecadores, se hizo tan responsable por los pecados de ellos como si Él mismo hubiera sido el culpable. El único hombre que vivió una vida perfecta, sufrió la doble pena de muerte de los culpables.

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Jesús el Salvador. Esto demuestra el poder de Dios. Tres días después de su muerte, Cristo fue declarado con poder Hijo de Dios, por la resurrección de entre los muertos. Se presentó vivo con muchas pruebas convincentes, y ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Al resucitar a Cristo de entre los muertos, Dios demostró que aceptaba su muerte en lugar de los pecadores como el pago pleno y perfecto del castigo del pecado, y como la base sobre la que puede ofrecer perdón pleno y gratuito a los que, de otra forma, estarían condenados a pasar la eternidad en el infierno.

La cuestión es: ¿Cómo puedes aplicarte todo esto? ¿Cómo puedes reconciliarte con Dios? ¿Cómo puede Cristo llegar a ser tu Salvador?

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Habiendo leído hasta aquí, ¿deseas realmente ser salvo? ¿Quieres reconciliarte con Dios, cualquiera que sea el costo o las consecuencias? Si no es así, entonces no has comprendido la importancia de las páginas que has leído. Deberías, por tanto, leerlas de nuevo, lenta y cuidadosamente, pidiéndole a Dios que te muestre la verdad que hay en ellas.

Si Dios te ha mostrado tu necesidad, y quieres ser salvo, entonces voy a hablarte acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.

Debes arrepentirte. Esto significa un cambio completo respecto al pecado. Debe haber un cambio de mente. Debes admitir que eres pecador y que tu pecado es rebelión contra un Dios santo y amante. Debe haber un cambio de corazón: una verdadera tristeza y vergüenza por la vileza y suciedad de tu pecado. Luego debes estar dispuesto a abandonarlo y cambiar la dirección de tu vida. Dios nos desafía a hacer obras dignas de arrepentimiento. Tienes que hacer esto. Dios no te perdonará ningún pecado que no estás dispuesto a desechar. Arrepentirse es caminar en una nueva dirección, buscar de todo corazón el vivir de una manera que agrade a Dios.

Debes tener fe en Cristo. En primer lugar, esto significa aceptar que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, y que Cristo murió por los impíos. En segundo lugar, significa creer que, en su poder y amor, Cristo es capaz de salvarte y está dispuesto a ello. En tercer lugar, significa poner de hecho tu confianza en Cristo, y sólo en Él, para reconciliarte con Dios. Tu naturaleza pecaminosa y orgullosa luchará en contra de abandonar la confianza en tu propia "bondad" o religión. Sin embargo, no tienes alternativa. Tienes que dejar de confiar en cualquier otra cosa y confiar solamente en Cristo, quien puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios.

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Si Dios te ha mostrado tu necesidad, y te ha dado este deseo, entonces vuélvete a Cristo: ¡y hazlo ahora mismo! Lo mejor es que ores a Él en voz alta; esto puede ayudarte a tener claro lo que estás haciendo. Confiesa que eres un pecador culpable, perdido y desvalido, y con todo tu corazón pídele a Cristo que te salve y que tome su legítimo lugar como Señor de tu vida, capacitándote para volverte del pecado y vivir para Él.

La Biblia dice que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo, y que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. Si verdaderamente has confiado en Cristo como tu Salvador y ahora le reconoces como tu Señor, ¡puedes apropiarte de estas promesas!

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Si ahora estás confiando en Cristo, hay muchas cosas maravillosas en las que te puedes regocijar. Por ejemplo, ahora tienes una relación correcta con Dios: la Biblia llama a esto ser "justificado", y dice que justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. A través de Cristo, Dios se ha hecho cargo de tus pecados: todos los que en el creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre. Ahora eres miembro de la familia de Dios: a todos los que confían en Cristo les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Estás eternamente seguro: ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. Dios mismo ha entrado en tu vida en la persona del Espíritu Santo: el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros. ¡Qué grandes verdades son estas!

Ahora necesitas crecer en tu nueva vida espiritual. A continuación tienes cuatro cosas importantes a las que debes prestar mucha atención:

Oración. Ahora puedes hablar con Dios como tu Padre: algo que nunca has podido hacer anteriormente. Puedes adorarle, alabarle por su gloria, poder, santidad y amor. Puedes pedir su perdón diariamente. Ni aun los que vienen a ser hijos de Dios son perfectos, pero si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Puedes darle las gracias cada día por su bondad para contigo. Hay muchas cosas por las que querrás darle las gracias, incluyendo los beneficios de la vida diaria que tan fácilmente podemos dar por sentados. Pero especialmente querrás darle las gracias por salvarte, por aceptarte en su familia y por darte vida eterna. ¡Nunca debes encontrar difícil hacer esto! También puedes pedirle su ayuda, fuerza y guía en tu propia vida y en la de otros. En particular, querrás orar por otros que sabes que están lejos de Dios como tú lo estabas.

Lectura de la Biblia. En la oración, tú hablas a Dios; en la Biblia, Dios te habla a ti. Es muy importante, pues, que la leas cada día, comprobando lo que es agradable al Señor. Al hacerlo, pídele que te capacite para entender su significado y obedecer su enseñanza, para que por ella crezcas para salvación. Si necesitas ayuda para empezar a estudiar la Biblia, solicita un ejemplar gratis del librito que se menciona en el último párrafo de esta sección.

Compañerismo. Ahora que eres miembro de la familia de Dios, Él quiere que te reúnas regularmente con tus hermanos y hermanas. No dejando de congregarnos... sino exhortándonos. Esto significa unirse a una iglesia local; así que, procura hacer esto lo antes posible. Escoger la iglesia correcta no es siempre fácil, y tú querrás encontrar una que crea y enseñe claramente las verdades bíblicas que has estado leyendo en estas páginas. La persona que te dio este librito podría ayudarte. En tu iglesia local aprenderás más acerca de Dios; te beneficiarás de la experiencia de otros; aprenderás la importancia de las instrucciones especiales de Dios acerca del bautismo y la Cena del Señor; y descubrirás el gozo de compartir con otros los dones y capacidades que Dios te ha dado. Necesitas a la iglesia, ¡y la iglesia te necesita a ti!

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Servicio. Tendrás ahora el privilegio de servir al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma. En particular, recuerda que Dios nos salvó y llamo con llamamiento santo. Haz de la santidad una prioridad absoluta; pues la voluntad de Dios es tu santificación. Busca, pues, usar tus dones particulares en el servicio de Dios; recuerda que fuiste creado en Cristo Jesús para buenas obras. En especial, mantente alerta a las oportunidades de contar a otros cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo. Hablar a otros acerca de Cristo no es sólo el deber de los que confían en Él: ¡es también una experiencia emocionante!

De ahora en adelante, busca vivir de tal manera que en cada parte de tu vida anuncies las virtudes de aquel que te llamo de las tinieblas a su luz admirable.

Si has confiado en Cristo mediante la lectura de este librito, y necesitas ayuda en tu lectura diaria de la Biblia, puedes escribir a: Editorial Peregrino, Apartado 19, 13350 Moral de Calatrava (Ciudad Real), España, para solicitar un ejemplar gratis del opúsculo CÓMO LEER LA BIBLIA.

Texto tomado del librito: “ULTIMAS PREGUNTAS”. Copyright John Blanchard. Usado con permiso.

Para obtener copias del librito escribir a: EP BOOKS.

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